22 abr. 2017

72 horas con los estibadores de Algeciras: Conociendo la estiba desde dentro.


Con "El Negro", estibador de Algeciras y
 representante de los trabajadores

Antes de empezar este escrito, necesito hacer algunas puntualizaciones, sencillas pero imprescindibles para poder desarrollarlo: Soy profesor de Secundaria, no soy estibador portuario, no tengo familia que haya trabajado en la profesión y ni siquiera vivo en una localidad costera. Al igual que tú, que lees estas líneas, empecé a conocer su mundo cuando el 3 de febrero empezaron a salir y convertirse en noticia de primera plana en los informativos. Pero, a diferencia de otros, cuando un 4 de febrero leí un artículo que hablaba de PRIVILEGIOS al hablar de ellos, saltaron mis alarmas. Ya había conocido la lucha de los mineros, me había solidarizado con ellos, llegando a publicar un informe desmontando toda la campaña de mentiras y falsedades contra su colectivo. Y como profesor de la escuela pública, viví en mis propias carnes como, después de los mineros, los profesores pasábamos a ser los privilegiados, responsables de todos los males del país. El ansia de saber, mi conciencia de clase, mis ideas y, sobre todo, la solidaridad, me pusieron inmediatamente en su trinchera.

Cuando todos los medios les satanizaban, cuando medio país les culpaba de todos los males, cuando se convirtieron en objeto de linchamiento, donde nadie se atrevía a mojarse por ellos, tuve la necesidad de gritar. Decidí escribir una carta dirigida a ellos y ellas, a su gente, con dos objetivos que ahora puedo decir: El primero, animarles en la lucha y lograr cargarles de energía y fuerza; el segundo, demostrarles que había gente ajena a su sector que les apoyábamos y entendíamos su lucha y su legitimidad. Pero conseguí un tercero no esperado: Contactar con ellos. Por casualidad, no fue Valencia, que me pilla más cerca, sino estibadores de Algeciras, los que contactaron conmigo y me ofrecieron visitarles y conocer de primera mano su lucha y su forma de vida. Era su forma de agradecerme la comprensión y el ser capaz de empatizar con su causa. Acepté la invitación, pidiéndoles tiempo por motivos laborales para poder hacer ese viaje.



Imágenes del proceso en el que una grúa pórtico descarga dos contenedores en un maffi. 

Y llegó el día: Acompañado de Juanjo Peris, estibador valenciano al que conocí al iniciarse el conflicto, partimos hacia Algeciras. La visita ha sido de lo más enriquecedora: Cómo si fuese un periodista o algo por el estilo, me ha permitido conocer desde dentro la estiba: Quiero aprovechar para agradecer las didácticas explicaciones y el trato de Jose Antonio Fernández, "El Negro", estibador portuario y miembro del Comité de Empresa, un trabajador de lo más sencillo, pero que cuándo te explica todo lo relacionado con su trabajo, se le nota la pasión con la que lo cuenta y narra, su orgullo por ser estibador y la importancia que le concedía a que un espectador extraño conociese todos esos datos. Puede presumir, aunque no lo hace, de dar muchas lecciones: Una solidaridad, una conciencia de clase y una capacidad de trabajo sindical, en defensa de sus compañeros, impresionante y de la que muchos deberían aprender.

Pero yo no quise limitarme a una charla o una convivencia. Quería conocer de verdad el trabajo del puerto. Quería conocer esos "privilegios" que decía la prensa, quería saber si era cierto eso de que trabajan sentaditos y cómodos, manejando contenedores con un joystic, quería conocer lo "cómodo" que es el trabajo de estibador. En definitiva, comprobar in situ la falsedad de todas esas barbaridades publicadas por tertulianos y gente que no ha pisado un puerto en su vida. Gente que quiere convertir la estiba en una profesión precaria y con un sueldo miserable, una formación más que dudosa, exponiéndoles a una profesión con riesgos altos por cuatro duros. Porque si una palabra puede definir mi visita al puerto de Algeciras es MIEDO. Cuando estás allí dentro sientes una gran insignificancia, sientes que eres vulnerable, que eres como una hormiga al lado de un gigante. Todo lo que hay en el puerto es metálico: Toneladas que puede pesar un contenedor, la inmensidad de unas grúas, portainers o transtainers en los que una sola pieza, al caer, podría matarte. Y los aparatos para manipular las cargas, ya sea un maffi (camión articulado que transporta contenedores) o una grúa shuttle carrier (aparato voluminoso que lleva contenedores de un sitio a otro), puesto que la rueda de esta última puede medir perfectamente 3 metros. Un golpe, un descuido, un simple despiste te puede costar la vida o lesionarte para el resto de ella, como le sucedió a Daniel Heredia, estibador del que luego hablaré.

Shutter carrier: Grúa que transporta
contenedores con rapidez: Una
rueda mide unos 2 metros y medio
 Dentro del barco, ya que accedí a uno e incluso probé "suerte" con la trinca, la situación es idéntica. Aparte de las innumerables trampas en el suelo, los estibadores tienen que dedicarse a trincar (colocar unas alargadas barras de hierro que pesan bastante y sujetan los contenedores) al tiempo que sus compañeros, desde la grúa, con una precisión asombrosa, encajan contenedores que pesan toneladas. Un simple cálculo erróneo o un error del portainero puede suponer un accidente grave o la muerte de tus compañeros. Ellos estaban acostumbrados, yo me asusté al escuchar el golpe de un contenedor. La responsabilidad en todas las operaciones es constante. Y explica muy bien el sentimiento de unidad y solidaridad entre los estibadores, en todos los aspectos.

El ruido es contínuo, el riesgo también y no es para nada la profesión simplona que algunos han vendido con una enorme irresponsabilidad de "mover cajas". Es la paradoja de la estiba, que me recuerda mucho a la que sucedía con los mineros: El puerto es muerte, pero también es vida y su estilo de vida, del que los estibadores se sienten abiertamente orgullosos. Son conscientes de los peligros a los que se enfrentan cada día y sus familias son conscientes de que, cuando se marchan a trabajar, existe la remota posibilidad de que vuelvan lesionados o muertos . De hecho, las decenas de estibadores con los que pude conversar, raro era el que no te contaba una lesión de un compañero o de él mismo debido a un descuido o a un accidente: La caída de la pieza de una grúa, una barra de trinca, el desprendimiento de un contenedor, la rotura del amarre del bolardo o el atropello de una shuttle carrier o un maffi, entre otras. También el recuerdo de algún compañero muerto, al que nombraban emocionándose, contrastando con la dureza de su profesión. Impresionanaba también uno de los últimos accidentes mortales en el Puerto de Algeciras: dos estibadores sufrieron la caída de un contenedor. Al saber que ambos morirían, uno de ellos abrazó a su compañero, haciendo de parapeto. Ese estibador valiente dejó allí la vida, pero gracias a su solidaridad y valentía, el compañero, pese a quedar con una discapacidad completa, pudo salvar la vida. Solidaridad llevada al extremo máximo.

Pasillo de un barco donde trabajan durante
horas los estibadores, trincando. Las barras
del suelo son las trincas, que se colocan para
sujetar el contenedor. Lo hacen al mismo tiempo
que los portainers descargan contenedores.
Cualquier error pone en peligro a sus compañeros

Solidaridad que se palpa en sus conversaciones: El carácter de su profesión, la importancia del grupo, que la vida dependa de tu compañero. Y eso, teniendo en cuenta que el sueldo del estibador no es fijo, sino que a mayor producción, mayor sueldo (dato que muchos desconocen). Trabajar rápido y trabajar seguro, sabiendo que un error tuyo puede provocar la muerte de un camarada. Ello explica la unidad y solidaridad a prueba de bombas entre los estibadores: Da igual fijos que eventuales, da igual jóvenes que a punto de jubilarse, da igual transtainero, trincador o clasificador. El "O todos o ninguno" no es un lema vacío ni una soflama para quedar bien: Es lo que sienten y muestran cuando hablan de su profesión y de sus compañeros. Incluso personas como Daniel Heredia, estibador herido que estuvo a punto de morir, perdió una pierna y se lesionó otra. Era impresionante la entereza y serenidad que mostraba cuando hablaba, así como la solidaridad con sus antiguos compañeros, los cuales le tienen como un referente y le animan ante la dureza de su proceso de rehabilitación. Fue un verdadero placer hablar con él y poder conversar sobre la lucha en la estiba.

Pero en los puertos también se respira RABIA. Una rabia contenida, una rabia que han tratado de calmar, una rabia y una indignación similares a las que siento yo tras haber comprobado desde dentro su trabajo y su mundo. ¿Cómo se puede llamar privilegiados a estos trabajadores? ¿Cómo se pueden contar tantas mentiras y tantas falsedades sobre esta profesión? ¿Cómo se puede ser tan indecente de llamarte periodista y hablar del trabajo de la estiba con ese desprecio, prepotencia y desconsideración? En muchas de las conversaciones que tuve, trataban incluso de tomarse a guasa todo ello. Como Andrades, que enseñaba su dedo mutilado diciendo "uno de los privilegios de los que habla el ministro", o un estibador, que en la parada de autobús de la terminal APM, enseñaba la brecha en la cabeza diciendo "esto que lo vea el de la Serna". Porque si algo me queda claro después de la visita es la enorme paciencia que los estibadores han tenido con muchos que, sin conocer ni por asomo la estiba, sin saber de un estibador nada hasta el 3 de febrero, ahora afirman saberlo todo, tratándoles como si fueran basura, minusvalorando su profesión, obviando la formación que muchos de ellos tienen, tachándolos de vividores, vagos y privilegiados. Cualquier mentira es válida para esos tertulianos, juntaletras y políticos burgueses para conseguir convertir la estiba en un trabajo basura, para gloria del gran capital y, especialmente, del verdadero enemigo de los estibadores: JPMorgan, el banco que más dinero invierte en todo el mundo en guerras.

Con estibadores del Puerto de Algeciras,
entre ellos Daniel Heredia, estibador
gravemente herido en marzo de 2014
que perdió la pierna izq. en el accidente

 Pero por muchos decretos, por muchas campañas de criminalización, por muchas mentiras que cuenten, los estibadores tienen claro que, mientras puedan, van a pelear. Eso al menos me queda claro después de visitar el puerto de Algeciras. Se palpa en cada conversación que tienes con un estibador sobre el conflicto: Si el Gobierno o JPMorgan pretenden echarles a la calle y enviarles a la cola del paro, ellos lo tienen claro: "Yo antes que irme a la cola del INEM me voy a la cárcel" señaló un estibador. Hasta ahora su postura ha sido tratar de negociar hasta la extenuación y ganarle la partida al Gobierno por las buenas, como sucedió hace un mes. Pero si esa vía se agotase y el Gobierno, marioneta del gran capital, les implantase el decreto que les extermina y lamina, no dudarán en ir a por todas y demostrar al país cuál es la respuesta que debería darse siempre si alguien pretende robar el pan de los trabajadores. "Si eso llegase, nos tendrán que sacar muertos del puerto", decían. Y no es una bravuconada, en mi opinión. Igual que cuando explicaban su trabajo, cuando contaban su pasión por la estiba o cuando se emocionaban hasta los más duros al hablar de compañeros muertos, hablaban con honestidad y con el corazón.

Este texto trata de reflejar la vida en el Puerto, visto desde dentro, para ayudar a que muchos puedan tener, a través de esa visita, otra visión sobre la estiba y conocer elementos que seguramente no sabrán por los medios generalistas. Pero este texto no es neutral. No puede serlo: Los estibadores son, como cualquier colectivo de trabajadores, merecedores de apoyo y de solidaridad. Y si yo tenía claro en qué trinchera debía situarme en la guerra que les enfrenta al Gobierno, la patronal y el banco JPMorgan desde que empezó el conflicto de la Estiba, ahora que he tenido el placer de conocerles, lo tengo más claro que nunca. Y ellos son los "culpables". Es la única cosa cierta de la que puede acusar a los estibadores el Ministro De la Sarna, titiritero repugnante de JPMorgan. Y para mi es un verdadero orgullo y una experiencia que debía contar por haber tenido el placer de convivir con ellos durante tres días: conociendo la estiba desde dentro.



¡NI UN PASO ATRÁS!


Julián Jiménez, profesor de enseñanza secundaria.


Si has llegado hasta estas líneas y consideras que este contenido es interesante, difúndelo y compártelo en tus redes y con tus contactos. Agradecerte el esfuerzo de leer estas líneas. Agradecer, del mismo modo, a Dani, Juanjo, Daniel, José, Wito, El Negro, Juanvi, Claudia, Joshua, José Antonio, Romerito y muchos otros su aportación imprescindible para que yo pudiera escribir este artículo. 
Pasillo del puerto de Algeciras, en la terminal de APM,
El carril pintado en amarillo es para paso de peatones, a la izquierda operan
los camiones, maffis y shuttle carrier a toda máquina
Cada contenedor puede pesar varias toneladas, incluso vacío.


Pasillo interno en el interior de un barco de carga. Como se puede apreciar, plagado de trampas
y agujeros en los que una caída implicaría lesión. Los estibadores afirmaban que este barco
tenía unos pasillos muy aceptables, que ellos suelen ver verdaderas barbaridades en otros barcos.
En el suelo, las barras de trinca con la que los estibadores sujetan esos contenedores gigantes.
Mientras trincan, el portainero sigue colocando contenedores que, al encajar hacen un ruido
bastante fuerte, al que ellos estaban acostumbrados. No era mi caso.
Al fondo una enorme portainer que puede medir perfectamente lo mismo que un rascacielos
mientras la terminal está atestada de maffis transportando la carga o yendo a recogerla.



Carguero MSC Viviana, uno de los barcos más grandes. En los pasillos que veis a vuestra izquierda, suben los estibadores
a realizar las labores de trincado y destrincado. Cualquier caída desde ahí puede ser fatídica. La profesionalidad de los
trabajadores suele minimizar los riesgos.


Control desde el que se revisa y controla la estiba y desestiba, así como la terminal. También donde se activa el protocolo de emergencia en caso de accidente
Mural reivindicativo plasmado en un contenedor vacío en la zona de entrada del puerto de Algeciras.

Enlace a un "hilo de twitter" sobre la visita al Puerto de Algeciras: https://twitter.com/_ju1_/status/854267943684890625