3 may. 2013

Valencia o el silencio de los borregos: Una sociedad cómplice y sus excepciones

La emisión del programa de televisión de Salvados sobre la tragedia evitable del Metro de Valencia ha mostrado a la sociedad y al mundo las vergüenzas de la sociedad valenciana: ha reflejado como unas personas en su búsqueda de justicia, se han encontrado con todos los impedimentos habidos y por haber. Ha ilustrado como muchos valencianos, ante atropellos tan denigrantes para la persona humana callaron; como los valencianos miraron hacia otro lado ante "pájaros de mal agüero" que manchaban esa imagen de "Levante feliz" que la derecha valenciana y el PP concretamente siempre habían querido proyectar. Esa imagen que se basaba en ocultar bajo una alfombra de silencio y complicidad toneladas de MIERDA que, ante el resquebrajamiento de la alfombra de la compra de voluntades, el silencio, el olvido, ha emanado en toda su plenitud.

Han sido muchas las reflexiones que he hecho sobre esta tierra y la irracional ecuación que daba como resultado el aplauso generalizado de la sociedad valenciana a unos gobernantes delincuentes, ladrones, mentirosos, sinvergüenzas, inhumanos y anti-humanos. Quizá por no ser valenciano de nacimiento, aunque sí de adopción; quizá por haber formado parte de esa masa de "opositores apestados" que ha luchado siempre contra esa falsa imagen de Levante Feliz, de "rompeolas de todas las Españas", muy del gusto de la rancia derecha valenciana. Quizá porque mis náuseas y mi decencia como ser humano me impedían guardar silencio ante tanta canallada, consentida, permitida, e incluso aplaudida por un sector mayoritario de la sociedad valenciana.

Porque sí, señores. Hay que decirlo, alto y claro. Lo fácil, para muchos, ahora, es echarles solo la culpa a los gobernantes del PP en el País Valenciano. Lo fácil es señalarles con el dedo diciendo que son unos inmorales, unos sinvergüenzas, unos ladrones y unos criminales. Eso es lo fácil. Eso, había que haberlo hecho cuando la mierda olía por cada rincón de las tres provincias valencianas. Cuando algunos lo denunciábamos a viva voz, silenciados por los aplausos de los que loaban y adoraban a esos gobernantes. Lo realmente difícil es asumir la culpa y asumir la responsabilidad colectiva con el engendro que la misma sociedad valenciana ha creado, engendro que hace sonrojar a cualquier valenciano cuando viaja a cualquier lugar. Lo más suave que te pueden preguntar es "¿Pero cómo tenéis a esa banda de ladrones allí y cómo puede ser que les sigáis votando?"

Lo que salió en Salvados el otro día y ha indignado a gran parte de la sociedad del Estado español y, de rebote, a la valenciana, no es ni una milésima parte de lo que aquí lleva ocurriendo desde que el PP se hizo con el gobierno en 1995 para dejar, 19 años después al "Levante feliz" convertido en un estercolero de robo y corrupción, de miseria, desesperación y ruina. La sociedad española no es consciente de como, a día de hoy, en base al fanatismo, a la más absoluta irracionalidad inculta, a los "estómagos agradecidos", existe una parte, cada vez más pequeña de la sociedad valenciana que, aún hoy, encontrará cualquier argumento para loar la labor del PP. ¡¡¡Aún hoy!!! Y quien considere que miento, le invito a visionar este vídeo sobre la tragedia del Metro y comprobar las declaraciones tan inhumanizadas del señor que viste sombrero y gafas de sol (o las del señor calvo con gafas de sol). Escapa al raciocionio y al sentido común que, comprobando como existe gente que aún defiende a quienes han arruinado, saqueado, mentido, enviado Valencia a las ciénagas de la podredumbre, se puede estudiar como hubo alemanes que permitieron la existencia de la Alemania nazi: es, exactamente, la misma situación. Al PP solo le hace falta matar para llegar a aquel extremo.

A las víctimas del accidente del metro y a sus familiares se les ha silenciado, se les ha intentado comprar, callar con dinero, e incluso acusar de tener intereses políticos. Porque en la Valencia "que asombra al mundo" (Rita dixit, y no le faltaba razón, asombramos como estercolero moral) cualquiera que sacara a la luz corruptelas, mentiras, robo y corrupción, el derroche del dinero mientras la Sanidad y la Educación Pública estaban en la UVI (¡¡y no había crisis!!) era una persona con interés partidista. Hasta por reclamar justicia para tus difuntos. Y gran parte de la sociedad valenciana asintía con la cabeza, olvidando la humanidad y la mínima decencia colectiva y personal.


Aquí se ha podido ver como se derramaba el dinero público en fasto, en farándula y en imagen, para así "ser la Comunidad que asombra al mundo" (Rita y sus frases); mientras los centros de salud, colegios e institutos estaban plagados de deficiencias, barracones e incluso techos hechos "de aquella forma" y que, ahora, se caen encima de los niños valencianos. Pero venía el Papa, así que pasara lo que pasase, nada debía empañar nuestro "sarao", ni siquiera unos, para los gobernantes, "muertos inoportunos".

No quisiera repetirme con lo que señalé en su día, cuando la Comunidad Valenciana reconoció la bancarrota y se vió la ruina que muchos augurábamos (artículo que tuvo bastante éxito en las redes sociales). Pero aquí hemos visto como se compraban votos, como se intentaba comprar hasta el silencio de los muertos (basta comprobar como se hizo con las víctimas del Metro), como se robaba a manos llenas: Gürtel, Noos, Emarsa, Naseiro, Brugal: los tres alcaldes de las tres capitales imputados y 14 diputados de 55 que tiene el PP. Hemos visto como se perseguía a los discrepantes, se les insultaba y se les atemorizaba. Como la prensa pagada con nuestros impuestos (Canal 9) o privada (Las Provincias) tenía una completa unión con el poder. Como, ante todo esto, gran parte de la sociedad asentía, callaba y consentía, atropello tras atropello, hasta que la evidencia es más que clara.

Afortunadamente, hay otra Valencia que nunca ha callado. Hay otra Valencia, libre, combativa, decente y digna, que, pese a todo, no se ha rendido. Hay otra Valencia y otra sociedad valenciana, totalmente diferente a esta. Que siempre, en estos años, ha sido minoría. Que ha tenido que navegar con viento en contra y con no pocos impedimentos (llegandose a jugar no solo su situación personal, sino la misma integridad física, su puesto de trabajo y muchas cosas más). No solo luchando contra un PP que, por paralelismos, se asimila a una mafia. Sino también a una extrema derecha, como España 2000, regada por las concesiones de la Generalitat Valenciana, y experta en palizas, coacciones y agresiones nunca investigadas por la Policía. Una Valencia digna a la que, el tiempo, la perseverancia, la lucha y la constancia, han acabado dandole sobradamente la razón.


Hay un sector de la sociedad valenciana, ya minoritario, a quiénes el documental de Salvados, como antes las protestas, las quejas, la disidencia, molesta sobremanera. Porque muestra al mundo las vergüenzas de esta sociedad y de ellos mismos, su complicidad, su responsabilidad, su silencio y su falta de decencia. Y no es hora, pese a que la sociedad valenciana esté cambiando y comience a abrir los ojos, de pasar página. Más bien todo lo contrario: es la hora de clamar alto y claro. Clamar contra esa enfermedad que ha hipnotizado a esta tierra durante tantos años. Clamar contra esos estómagos agradecidos, esos silencios complices, esa justificación de la violencia de los poderosos contra el pueblo valenciano. Porque solo con la memoria, el recuerdo, y la experiencia conseguiremos, la sociedad valenciana, en un futuro no muy lejando, que nunca más volvamos a repetir esta ignominia. Y que nunca más el País Valenciano vuelva a oscurecerse bajo la penumbra de dos décadas de silencio, corrupción, impunidad y asentimiento.

Escrito dedicado a esa Valencia digna, luchadora, decente y coherente que siempre estuvo ahí.